SÍNTESIS
En la siguiente reseña se habla sobre las obras más importantes de Émile Durkheim en referencia a los temas económicos de su época, críticas, su opinión con respecto a otros autores, la razón de su éxito y los puntos que siempre debe de recordar un economista (“el valor de las cosas no sólo depende de sus propiedades objetivas, sino también de la opinión que nos hacemos de ellas”).
"Reseña sobre Émile Durkheim"
El
nombre de Durkheim está asociado a tres grandes libros: La división del trabajo social, El suicidio y Las formas elementales de
la vida religiosa. A ellos se debe añadir su texto más difundido, Las reglas del método sociológico, que
ha llevado el mensaje de la sociología a generaciones enteras de lectores y
analistas sociales.
El
éxito de estas obras ha opacado ante el lector corriente las conferencias que
nutrieron sus cursos de sociología, filosofía y pedagogía en las universidades
de Burdeos y París, y los numerosos ensayos, artículos y reseñas publicadas en
boletines, folletos y revistas de la época. En estos textos volvió una y otra
vez sobre los fenómenos económicos,
y muchas de las ideas plasmadas en sus páginas se trasladaron después a los
libros mayores para nutrir su teoría sistemática de la sociedad.
Durkheim
siempre trató lo económico como una dimensión más de la vida social de la
“última instancia”, tan cara a la tradición marxista. En su mente, las
dimensiones económicas aparecen trenzadas con las instituciones políticas,
religiosas y jurídicas, hasta el punto de que su huella se disuelve en un
entramado histórico de variables nada fáciles de aislar. La dinámica económica
se ve unida a la organización política, a las creencias religiosas, a las
estructuras de parentesco y a los usos y costumbres que gobiernan la conducta
de hombres y mujeres de las más diversas sociedades. Las confesiones
religiosas, por ejemplo, proscriben o promueven el consumo de determinados productos.
Los católicos demandan más pescado los viernes, los judíos prohíben el cerdo en
su dieta alimenticia y los árabes destierran el licor de sus hábitos de
consumo. En estas sociedades, las industrias porcina y vinícola pierden en su
totalidad, o en parte, su valor de cambio.
A
juicio de Durkheim, los economistas deberían recordar que “el valor de las cosas no sólo depende de sus propiedades objetivas,
sino también de la opinión que nos hacemos de ellas”, postulado que en un
nivel más abstracto y comprensivo alude al papel de las mentalidades y de las
instituciones sobre la vida económica. Pero su crítica a los determinismos
unicausales no lo llevó al extremo de afirmar que los hechos económicos son un
epifenómeno, un síntoma secundario y accesorio ante las creencias, los valores
o las medidas políticas. En ocasiones, los factores materiales tienen una
fuerza especial, una primacía, que el analista debe desentrañar para explicar
situaciones concretas. Es claro que muchas concentraciones de población se derivan
de las demandas económicas. Las industrias, los centros mineros y los puertos
comerciales afectan la distribución y los modos de vida de la población y,
junto a ello, ejercen una influencia profunda sobre la organización social. “Es
sobre todo de esta forma indirecta que los hechos económicos actúan sobre las
ideas morales”.
No
se debe olvidar que una vez que estas concentraciones toman asiento, se afirman
y fortalecen, la organización social que surge de ellas se vuelca sobre el
fundamento económico que les dio lugar, regularizando los mercados, los
salarios, la riqueza y la propiedad, mediante jurisprudencias especiales,
decisiones políticas o mandatos religiosos (especialmente en las sociedades
primitivas).
Desde
esta perspectiva, la economía política pierde la preponderancia que le
atribuyen algunas tradiciones de pensamiento para explicar la vida social y
cultural. En manos de Durkheim, el saber de Adam Smith y David Ricardo es una
ciencia social particular en estrecha relación con las demás, sin que pretenda
dominarlas o empequeñecerlas hasta hacerlas desaparecer.
Un ejemplo de esta integración de las ciencias
sociales se encuentra en su recensión del libro de Alexa Stanischitsch sobre la
Zadruga, la tradicional familia extensa de los yugoeslavos (los eslavos del
sur) integrada por diez a veinte familias pequeñas, relacionadas por lazos de
sangre, que vivían y trabajaban juntas, poseían una propiedad común y
reconocían la autoridad de un mismo patriarca. Las Zadrugas ocupaban aldeas
enteras y tenían un culto doméstico, un dios o genio protector, que daba
identidad al grupo. Eran entidades autosuficientes que comerciaban con otras
familias, de donde tomaban a sus esposas. Allí, la vida económica, religiosa,
de autoridad y obediencia formaba un todo. Los intereses materiales se
reforzaban con los sentimientos, las creencias, las opiniones dominantes, el
parentesco y los derechos, los usos y costumbres afincados en la tradición.
FUENTE: http://www.scielo.org.co/scielo.php?pid=S0124-59962007000100011&script=sci_arttext
Publicado por Nayeli Viridiana Esparza Anzúa

No hay comentarios:
Publicar un comentario